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martes, 25 de agosto de 2026

De "nos vamos a divertir" al desastre total: Cómo un abogado tiró por la borda el caso de su cliente en un juicio de media hora

 

Un letrado que cobró 3.600 euros por asumir un caso relacionado con Internet y en el juicio y ante toda la sala confesó no saber lo que era una url. 


El letrado no era el famoso José Ignacio.
Imagen de la serie “La que se avecina”, recreada con IA. 


SERVIPRESS / ALICANTE - ESPAÑA / JURÍDICOS - Después de una impecable y perfectamente razonada demanda por vulneración del derecho a la propia imagen, una inoperante estrategia procesal y el desconocimiento de la materia, derivó en la desestimación de  la misma, ignorando pruebas clave y peritajes certificados.

Lo que debía ser la culminación de años de lucha legal para defender el derecho a la propia imagen de un ciudadano, se transformó en un revés judicial en apenas media hora. Una cuestionable y, según el afectado, "inoperante" estrategia procesal por parte de su abogado provocó la desestimación total de su demanda civil contra una empresa tecnológica.

El fallo judicial concluye con la caducidad de la acción y la imposibilidad de condenar a la empresa a la retirada de las imágenes, al considerar que estas "no eran públicas", un argumento que la parte demandante había desmontado con pruebas que no fueron debidamente explotadas durante el juicio.

Cronología de una negligencia estratégica

El calvario judicial comenzó en abril de 2024, fecha en la que se presentó la demanda civil por intromisión ilegítima en el derecho a la propia imagen. Tres meses después, en julio, la empresa demandada se opuso alegando dos motivos principales: la caducidad de la acción y que las imágenes ya habían sido retiradas.

Ante esta defensa, el cliente llevó a cabo una exhaustiva labor de investigación por su cuenta. En agosto de 2024, logró localizar varias URLs en buscadores de internet y que apuntaban a dos dominios propiedad de la empresa donde sus imágenes seguían alojadas. Para asegurar su validez legal, el demandante certificó estos hallazgos mediante acta notarial y certificados web de la plataforma Safe Creative S.L. (Safe Stamper), entregando de inmediato todas estas pruebas a su abogado.

 


El punto de inflexión llegó en la audiencia previa celebrada en abril de 2025. Tras la incorporación de los documentos, la empresa demandada presentó a un "testigo-perito". El demandante además de conocer de primera mano toda la operatividad de la empresa (incluidas sus irregularidades) y el rol que cada persona desempeñaba en la misma, volvió a investigar y entregó a su abogado información demoledora que invalidaba la imparcialidad y credibilidad de dicho testigo:

  • Era socio de uno de los administradores de la empresa demandada en otro proyecto.
  • No formaba parte de la plantilla de la empresa tecnológica.
  • No era el encargado de la gestión de los contenidos de las páginas web implicadas.
  • El verdadero responsable de los supuestos borrados de las imágenes se había negado a declarar.
  • El objetivo del falso testigo era justificar que las nuevas imágenes halladas "no eran públicas" y estaban alojadas por un simple descuido.

 



 Conversación del demandante con el autor de los supuestos borrados

 

 



Conversación del demandante con su abogado


"Nos vamos a divertir": Crónica de un desastre anunciado

A pesar de contar con todas las pruebas para desmontar la defensa de la empresa, la actitud del abogado del demandante tomó un rumbo incomprensible en los días previos a la vista oral.

Una semana antes del juicio, el letrado envió un mensaje de WhatsApp a su cliente preguntando por el testigo y añadiendo una confiada coletilla: "nos vamos a divertir"



Un día antes del juicio, reiteró por mensaje que el citado compareciente "ni es testigo, ni perito, ni na de na". Sin embargo, en un giro de guion, envió un audio a su cliente anunciando que no iba a incidir en la relación del testigo con la empresa demandada argumentando que no quería "mezclar temas" ni "confundir a la jueza".




La preocupación del cliente por el evidente desconocimiento técnico reconocido por su letrado  (“me pierdo en cuestiones técnicas”) llegó al punto de tener que explicarle la maniobra de la contraparte con una analogía básica antes del juicio: "Si te dicen que elimines el Word de tu ordenador y tú eliminas el acceso directo del escritorio, no habrás eliminado el Word y seguirá operativo. Pues esto es lo que hicieron". Pese a la extrema claridad del ejemplo, que ilustraba cómo la empresa tecnológica había retirado los enlaces pero no había borrado las imágenes de sus servidores, el abogado omitió por completo este argumento comparativo durante el juicio.

El resultado de esta decisión se materializó el 29 de abril de 2026, día de la celebración del juicio. La falta de contundencia para desacreditar al testigo y la nula exposición de las pruebas recabadas derivaron en la pérdida del caso en menos de treinta minutos.

Cierto es que el demandante salió esperanzado de la sala, sin embargo, dicha confianza duro bien poco, tras reproducir mentalmente como se había desarrollado el juicio, se dio cuenta de que posiblemente la cosa no saliera muy bien, tal es así que, al día siguiente solicitó un informe pericial, intuyendo la debacle.


Dicho informe se lo hizo llegar a su abogado el 8 de mayo de 2026, es decir, cuatro días antes de que se dictara la sentencia, y su respuesta fue:

 


El rechazo al recurso: el miedo a una condena en costas

Tras el incomprensible varapalo judicial provocado por su propia actuación procesal, el abogado intentó enmendar la situación ofreciéndose a presentar un recurso cobrando únicamente en base a resultados. Eso sí, sin ningún reconocimiento de error propio.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Escarmentado por la nefasta gestión del juicio y los precedentes sentados por la inacción de su letrado y su reconocido desconocimiento en la materia, el cliente decidió rechazar la oferta para no volver a arriesgarse a sufrir un nuevo varapalo y una gravosa condena en costas, dando por finalizada la vía judicial de este procedimiento.

Para conocer todos los detalles de cómo se desarrolló la vista y el desenlace de este caso que expone las vulnerabilidades a las que se enfrentan los ciudadanos en el sistema judicial por malas praxis estratégicas, se puede consultar la crónica completa en clave de humor en el siguiente enlace:

Cuando una empresa tecnológica española... - Roipress

La moraleja es clara: Enfrentarse a «tahúres profesionales» con la estrategia de «nadar y guardar la ropa», desoyendo a quien conoce los hechos de primera mano para fiarlo todo a la soberbia profesional, aboca a un único resultado: una sentencia desestimatoria, un cliente insatisfecho y el consiguiente reproche público.  



Autor: Pedro José Masià Samper

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